• 10 junio, 2019

Las enfermedades que vienen: así padecen los millennials

Las enfermedades que vienen: así padecen los millennials

Las enfermedades que vienen: así padecen los millennials 1024 539 IQ Agentes

Es algo característico de cada generación creer que son diferentes a los que les precedieron y a los que vendrán después, al igual que es algo recurrente que periodistas y sociólogos se empeñen en hacer retratos generacionales con esas diferencias. No faltan los análisis de cómo trabajan los millennials, cómo consumen, cómo se relacionan o cómo votan. Y por supuesto, no faltan millennials empeñados en decir que todos esos estudios se equivocan y baby boomers replicando que en su época las cosas se hacían mejor y tenían más sentido. Es el ciclo de la vida.

Lo cierto es que la generación millennial existe y, aunque no hay consenso a la hora de decidir quienes la forman, se suele estimar que son los nacidos entre 1982 y 1995. Esto significa que son aproximadamente un 24% de la población mundial que se caracterizan por alcanzar la madurez con el cambio de milenio y formarse en la época de la revolución digital, la globalización y la crisis del 2008.

Eso hace que sean una generación acostumbrada a solucionar sus dudas en Internet, incluidas las de salud. Antes de acudir a su médico, un millennial habrá consultado cada uno de sus síntomas al doctor Google. Y es probable que los resultados obtenidos le provoquen un ataque de ansiedad inmediato. La ansiedad es, precisamente, uno de los grandes males millennials, que ya existía antes de que esta generación llegara al mundo, pero algunos estudios cifran la mayor probabilidad de un millennial de padecer ansiedad en hasta un 30%. Además, existe una variante, tipificada prácticamente para ellos, llamada nomofobia que se refiere a la angustia, la obsesión e incluso el miedo que padecen algunos individuos ante la falta de su smartphone o de una conexión a Internet.

Según el informe PISA, los jóvenes están conectados a Internet unas tres horas de media y más de un 20% llegan a ser usuarios extremos de Internet, con más de seis horas diarias. Con el tiempo, el uso constante de los smartphones provoca que el meñique se debilite mientras el pulgar se vuelve menos dinámico, se inflama y se produce un dolor persistente en la base del dedo. Es lo que se ha llamado enfermedad de Quervain, teosinovitis o, más popularmente, pulgar del smartphone. También en ellos es más común que se produzcan lesiones como el síndrome de túnel carpiano por el uso de ratones así como problemas cervicales por las malas posturas.

La exposición a las pantallas también tiene sus consecuencias. Según un estudio de The Vision Council, más del 70% de los millennials padecen la llamada fatiga visual digital. Sus síntomas, provocados por el uso prolongado de aparatos que emiten luz azul o HEV (High Energy Visible), son sequedad, picor, hinchazón o enrojecimiento y dolor de cabeza localizado. Hay incluso estudios que alertan de que demasiada exposición a este tipo de luz puede llegar a provocar degeneración macular –es decir, deterioro de la pequeña área central de la retina- y ahora queda averiguar cuánto es ese “demasiado”.

Otro de los trastornos que se han achacado principalmente a los millennials es la distimia, una forma leve pero crónica de depresión que, según la Asociación Psiquiátrica de América Latina (APAL) es cada vez más frecuente en los menores de 30 años. La razón, arguyen los expertos, es el alto nivel de exigencia, la necesidad de aceptación grupal y una frustración que, en muchos casos, se vuelve permanente; rasgos muy habituales en la generación millennial. Lo que provoca es una bajada importante de la autoestima, fatiga prácticamente permanente, malos hábitos alimenticios y una constante sensación de desesperanza y falta de ilusión que termina afectando tanto en el entorno social como el laboral.

Los millennials, según algunas proyecciones, representarán en 2025 un 75% de la fuerza laboral del mundo. Veremos si ellos pueden resistirse entonces a entonar el consabido “yo a tu edad ya…”.

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Fuente: AXA Blog

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